
Los intentos por alcanzar la aprobación de un transgénico (u «OGM») de trigo volvieron a cobrar potencia tras los fracasos cosechados por Bioceres, firma impulsora y principal beneficiaria si hay aval oficial, durante los tiempos del macrismo.
Precisamente esta compañía unió fuerzas con la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB) y reactivó el pedido de permiso de comercialización ante la cartera de Agricultura.
En simultáneo, Bioceres profundizó sus pruebas a campo abierto con la expectativa de alcanzar hasta 12.000 hectáreas cubiertas con el OGM.
La compañía en cuestión, una suerte de «Monsanto» local, tiene entre sus accionistas a un magnate que pesa fuerte en la mesa chica del Gobierno: Hugo Sigman, CEO de Grupo Insud y hombre fuerte doméstico en la evolución de la vacuna contra el Covid-19 promovida por Oxford-AstraZeneca.
En torno a la empresa señalan a esa cercanía con Alberto Fernández como la variable que, finalmente, terminará inclinando la balanza a favor del permiso de lanzamiento de la semilla manipulada genéticamente.
El trigo en cuestión, denominado HB4, se basa en una investigación de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) que luego quedó bajo control comercial de la compañía mencionada.
La manipulación genética, según sus comercializadores, permite mejor rendimiento en situaciones de escasez hídrica y funciona con un herbicida peligroso por su toxicidad: el glufosinato de amonio, elegido por la industria agroquímica como el sucesor del cancerígeno glifosato.
Según pudo saber iProfesional, Bioceres ya ostenta superficies sembradas con el trigo OGM -aunque sin comercialización formal- en sendos lotes distribuidos en las provincias de Córdoba y Santa Fe.
Pero más allá de este despliegue, y la intensificación del lobby en la arena política, lo cierto es que la nueva semilla cuenta con la oposición de un actor clave tanto en el ámbito de la exportación como del aporte de regalías para las arcas públicas: la cadena triguera en su totalidad.
Así, la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) considera que habilitar el trigo OGM podría significarle al país la pérdida de regalías por más de 3.500 millones de dólares, además del cierre de al menos medio centenar de mercados.
«Es una amenaza a perder todo lo que tenemos. Si se aprueba corremos un riesgo fuerte en un momento en que el país necesita divisas como nunca. Los mercados no quieren saber nada con el trigo transgénico. Sobre todo Brasil, que compra el 45 por ciento de lo que exportamos -cerca de 6 millones de toneladas- aunque hoy tenemos más de 50 mercados abiertos que tampoco lo piden», comentó a iProfesional Diego Cifarelli, presidente de FAIM.
Para luego añadir: «Al mismo tiempo, Brasil y Bolivia concentran el 97 por ciento de la venta al exterior de harina de trigo. Bolivia tampoco quiere el transgénico».
Brasil y Bolivia, principales compradores de granos y harina de trigo, rechazan el transgénico.
Brasil y Bolivia, principales compradores de granos y harina de trigo, rechazan el transgénico.
Cifarelli afirmó que «también hay rechazo por el lado de las alimenticias».
«La mayoría de las multinacionales a las que les vendemos harinas incluyen en los pliegos de pedido de cotización el pedido explicito de que no haya trigo OGM en lo que se les provee. Empresas que hacen galletitas o panificados hasta exigen una declaración jurada donde se les confirma que la harina no incluye transgénico. Ese mercado también lo perderíamos», amplió.
El mundo no lo acepta
En el diálogo con este medio Cifarelli remarcó que «el mundo no acepta trigo transgénico» por temores sobre sus efectos en la salud de los consumidores y pidió máxima rigurosidad en los controles oficiales sobre las pruebas de campo que viene motorizando Bioceres.
«Esperamos que no se entrecruce con el trigo no transgénico, que no haya mezcla. Caso contrario, estaríamos jugando a la ruleta rusa», dijo.
«Sería un desastre que un barco llegue a destino y nos rechacen la mercadería por contaminación o, también, que se genere un ruido en el mercado mundial respecto de que esto podría pasar. Ante la menor sospecha los compradores de trigo o harina elegirán otros proveedores para ahorrarse problemas», añadió.
El directivo dio por descontado que, de ser liberado, el trigo transgénico también llegará a la mesa de los argentinos a través de los productos basados en ese cereal.
«Una vez aprobada su comercialización será imposible distinguir a un trigo del otro. También tendrá presencia en el mercado interno. Es imposible hacer una diferencia visual entre ambas variedades. La única forma es llevando el producto a laboratorio, pero ningún cliente o consumidor se pondrá con todo ese proceso cada vez que compre un panificado», expresó.
La cadena triguera alerta por la eventual pérdida de hasta u$s3.500 millones en exportaciones.
La cadena triguera alerta por la eventual pérdida de hasta u$s3.500 millones en exportaciones.
A la par de FAIM, según pudo constatar iProfesional, la Asociación Argentina de Trigo (ArgenTrigo) es otra de las entidades de la cadena que se opone a la aprobación del OGM.
«Desde nuestra entidad estamos en conocimiento de la siembra de Trigo HB4OGM para ensayos a campo y producción de semilla de una superficie significativa y, de cara a comenzar en los próximos meses la cosecha de esta, nos preocupan los efectos que puede llegar a tener un manejo incorrecto de esta tecnología en función de las autorizaciones existentes hoy, cuyas consecuencias podrían afectar mercados destino del trigo argentino», expusieron desde la organización en una misiva remitida a la Secretaría de Agricultura hace menos de dos semanas.
ArgenTrigo pidió «conocer los progresos respecto a la hoja de ruta establecida de manera conjunta sobre la aprobación del consumo de trigo OGM por parte de nuestros principales compradores de trigo para el avance de esta tecnología en nuestro país, así como del protocolo de la producción existente de la misma».