De acuerdo con estimaciones privadas la Argentina va a tener este año un superávit de balanza comercial equivalente al 4% del Producto Bruto Interno (PBI) por efecto de la recuperación de los precios de las materias primas y por la mejora de los flujos de comercio. Si bien es un dato incontrastable que el precio de la soja, el principal producto de la oferta exportable del país, va a colaborar con ello al mantenerse por encima de los u$s500 la tonelada, los flujos de comercio a nivel mundial se recuperarían a lo largo del 2021 y ello puede ayudar a la Argentina.
En su último reporte la consultora Abeceb estimó que la balanza comercial de este año dejará un saldo favorable de u$s16,200 millones, una cifra más que importante para el gobierno que seguramente tendrá que “aguantar” el año sin tener un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el crédito internacional cerrado.
La consultora señala que tras conocerse los datos de la balanza comercial de febrero, “hacia el 2021 estimamos un fuerte repunte tanto en las exportaciones (+19% a u$s65.400 millones) como en las importaciones (+16% a u$s49.200), con lo que el superávit comercial se ampliaría a u$s 16.200 millones aproximadamente (equivalente al 4,0% del PBI)”.
De ese modo, estima que “el intercambio comercial sería de u$s114.600, lo que representaría el crecimiento más fuerte desde 2011 para alcanzar los niveles de 2019, aunque continuaría un 9% por debajo de 2017”.
Al respecto, el economista Marcelo Elizondo, experto en comercio internacional, señaló que “el comercio mundial ya se está recuperando a niveles prepandemia” y consideró que ”hay fondos para todos”. La mirada de Elizondo es bastante optimista respecto del entorno mundial en los próximos meses, aunque advirtió que la Argentina debería correr su mirada más allá del Mercosur y la región para poder aprovechar ese escenario.
“Hay otros mercados emergentes más dinámicos como el Norte de África, Sudáfrica, Asia y en América latina, México”, consideró el economista y consultor. Ante el debate abierto en el Mercosur por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sobre rebajar el Arancel Externo Común (AEC), Elizondo es partidario de ir trabajando en la reducción de barreras.
“En el mundo los aranceles ya no son tan importantes. Se busca la confluencia de normas regulatorias, es lo que se denomina facilitación del comercio”, explicó el consultor, quien no obstante reconoce que reducir el AEC sin ordenar previamente la macroeconomía sería negativo para las industrias locales.
El problema para la Argentina se puede desarrollar en el vecindario. El repunte de la pandemia en la región obligará a los gobiernos a tomar medidas restrictivas, lo cual puede ralentizar la recuperación de la actividad y por ende, de las importaciones. Chile acaba de anunciar una vuelta a fase 1 del 70% de su economía, y el país trasandino es el principal importador de productos argentinos, con el cual hay superávit. Del mismo modo. Brasil está siendo duramente castigada y los empresarios pierden la confianza en Bolsonaro.
Miguel Ponce, director del Centro de Estudios del Comercio Exterior del Siglo XXI, consideró que es probable que una caída de la actividad de los países de la región “puede afectar a las exportaciones industriales argentinas”. “Estamos con un problema grave con Chile, Brasil y Uruguay por esta nueva cepa”, señaló el analista, quien indicó que lo que ocurre en la principal economía del Mercosur “nos pega de manera directa” porque hacia allí se dirigen el 70% de las exportaciones de manufacturas de origen industrial.