Se llama Jésica Chazarreta, de 25 años, y trabaja en el Grupo de Ecofisiología del INTA Pergamino.

El reconocimiento del CIMMYT le abrió la posibilidad de disertar en la 23ra Reunión Latinoamericana de Maíz.
Gran parte de las cerca de 50 millones de toneladas de maíz que se cosecharon en Argentina la última campaña provienen de siembras tardías, una modalidad que ha crecido exponencialmente en todo el país, ofreciendo rendimientos estables en zonas difíciles pero también en las de alto potencial. Uno de los temas por resolver para algunos lugares es el secado a campo que se da durante los meses de menor radiación y más humedad (otoño e invierno).
La protagonista Sub-40 de esta semana se llama Yésica Chazarreta y tiene (o tendrá) algo para decir en esta cuestión porque está estudiando distintos híbridos para elaborar un modelo predictivo del mejor momento para hacer la cosecha, un balance entre humedad, plantas caídas y riesgo de micotoxinas, entre otras cuestiones.
En 2020 la joven genetista cumplió apenas 25 años y en esta nota con Clarín Rural contó cómo llegó hasta acá, sus sueños y desafíos. “No vengo de una familia de productores pero mi padre hace 30 años trabaja en una empresa del sector en Pergamino yo desde chica lo acompañaba a hacer distintas actividades, vivíamos al lado, así que teníamos mucho contacto”, contó, a modo de carta de presentación, Chazarreta sobre sus primeros contactos con el campo. Recuerda que por entonces, cuando aún era una niña, acompañaba a su padre Aldo en tiempos de floración de maíz, para coordinar actividades de polinización, entre otras cosas.
Chazarreta fue inicialmente a un colegio secundario con orientación comercial, pero cuando se dio cuenta que lo que le gustaba era el campo dio un golpe de timón y se pasó a una escuela Agrotécnica. “Cuando terminé en 2012, tenía claro que quería estudiar genética, me gustaba mucho la parte vegetal”, dijo. Por eso, no dudó en elegir la carrera de Licenciada en Genética de la UNNOBA (Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, con sede en Pergamino, también en Junín).
Vale recordar que para muchos jóvenes, tener a la vuelta de la esquina una universidad nacional que trabaja codo a codo con el INTA es la posibilidad entre estudiar o no estudiar una carrera. Chazarreta aprovechó esta oportunidad.

“Cuando terminé en 2012, tenía claro que quería estudiar genética, me gustaba mucho la parte vegetal”, dijo.
Mientras cursó la carrera hizo pasantías en algunas empresas, incluso en 2017 hizo en la EEA Pergamino del INTA los primeros muestreos para su tesis de grado en maíz con la dirección de María Elena Otegui y Fernanda González. Se recibió en 2018 y aplicó para una beca de un año con el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT) -su director de beca fue Alfredo Cirilo) y cuando la terminó fue por más: consiguió una beca del CONICET que empezó en 2020 y dura hasta 2025.
Reconocimiento
En 2019 Chazarreta obtuvo el Premio a la Innovación Juvenil en Maíz de América Latina en la categoría investigador, una iniciativa del CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo) que premia a jóvenes menores de 35 años por sus aportes a los sistemas agroalimentarios basados en maíz.
El reconocimiento del CIMMYT le abrió la posibilidad de disertar en la 23ra Reunión Latinoamericana de Maíz que se realizó en Colombia en 2019 y 4to. Congreso de Semillas, del que participaron investigadores de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, México, Perú y Estados Unidos.
“Fue una experiencia muy enriquecedora porque tuve la oportunidad de interactuar y también presentar los resultados de la investigación que realicé como parte de mi tesis de grado y proyecto de doctorado”, contó Chazarreta. Y agregó: “Los investigadores y los productores argentinos son muy respetados por sus pares en América Latina, por la forma de producción, por la extensión de la superficie cultivada y también por la calidad de la investigación que se hace vinculada con el sector agropecuario”.

Investiga un tema que desvela a los que siembran maíz tardío porque el cultivo si queda en el campo corre riesgos.
“Creo que los investigadores argentinos tienen mucho prestigio internacionalmente, tienen un enorme potencial y sus trabajos generan interés alrededor del mundo”, concluyó.
Su trabajo
Entre las cosas que más le gustan de lo que hace, Chazarreta destacó la posibilidad de poner bajo la lupa (o bajo análisis) temas que sean de utilidad directa para los productores.
Es aquí donde entra, en su corta pero prometedora carrera, el estudio sobre la madurez y secado del maíz. Uno de los objetivos del trabajo de Chazarreta es poder generar modelos de predicción de la evolución de la humedad de los granos para darle a los productores una herramienta al momento de la toma de decisiones acerca de cuándo cosechar su maíz tardío.
“Tradicionalmente en la zona de Pergamino se sembró maíz en septiembre- octubre con floración en enero, la época del año donde más calor hace y las lluvias muchas veces no alcanzan a abastecer los requerimientos del cultivo, que pierde rendimiento, por eso, con el surgimiento de los maíces BT que ofrecen protección contra ataque de insectos los productores se animaron a sembrar más tarde, en noviembre-diciembre, con muy buenos resultados, rindes menores pero más estables”, resumió Chazarreta.

Chazarreta se propuso evaluar cómo impacta el atraso en la fecha de siembra del cultivo de maíz sobre las dinámicas de llenado y secado de los granos.
El asunto es que una vez que el maíz llega a madurez fisiológica luego hay que esperar a que baje la humedad. Y esa pérdida de humedad en los granos del maíz tardío, si bien siguen el mismo patrón que los maíces de fecha de siembra temprana, se produce a otro ritmo, sobre todo por las condiciones climáticas y la época del año en la que se da.
“Se da de forma más lenta y lleva más tiempo alcanzar la humedad de comercialización del maíz en Argentina que es del 14,5%, recién se logra en junio y julio, lo que genera varios problemas al productor porque tiene que mantener el cultivo en pie en el campo en una época donde las temperaturas son menores, hay menos radiación solar y más humedad con el consecuente aumento de la incidencia de enfermedades de espiga”, relató Chazarreta. Esto baja la calidad y genera el riesgo de aparición de micotoxinas, que pueden tener efectos nocivos para la salud animal así como otras mermas por quebrado y vuelco de plantas.
En este camino
Chazarreta destacó entre las cosas lindas del trabajo hacerlo en un grupo, el de Ecofisiología Vegetal del INTA Pergamino, “muy ameno, con buena onda, tirando todos para el mismo lado”, porque “te incentiva mucho”.
“Soy de formación genetista, pero mi trabajo hoy no tiene tanto que ver con el laboratorio sino con el campo, la agronomía, me gusta porque creo que podemos generar información de mucha utilidad para los productores, es interesante la interacción que podemos generar con ellos”, dijo la investigadora.
Yésica es de las primeras profesionales de la familia. Y lo dice con orgullo, el mismo que sienten seguramente sus padres y, particularmente su padre, que quizás imaginó alguna vez que esa pequeña que jugaba entre maizales mientras él trabajaba, iba a encontrar ahí un gran amor.