La pandemia de coronavirus provocará nuevas zonas de hambre en algunas partes del mundo y causará una crisis entre los agricultores debido a la caída previsible de la demanda, anticipó la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
La malnutrición podría aumentar entre el 8 y el 10% en los países que son importadores netos de alimentos, vaticinó el economista en jefe de la FAO, Máximo Torero, quien precisó que actualmente la cifra de personas malnutridas asciende a 121 millones.
El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo.
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Arroyo busca «descentralizar» la adquisición de alimentos
Desde antes de la pandemia había países que estaban en situación de crisis alimentaria, pero las cuarentenas han empujado a cientos de miles de personar a migrar a zonas rurales, creando nuevos bolsones de malnutrición, en particular en Africa subsahariana, el sur de Asia y en pequeños territorios insulares.
En términos de acceso a los alimentos, Torero dijo que «estamos ante un shock sin precedentes, que a la vez es de la oferta y de la demanda, la recesión afectará los medios de subsistencia de los productores debido a que los precios de los alimentos bajarán», agregó.
Según el análisis de la FAO, «el problema vendrá por la devaluación de las monedas, lo que encarece las importaciones, pero hace atractivas las exportaciones, y puede tentar a países exportadores de alimentos».
«Si hay países que exportan el 80 % de productos agrícolas y se quedan con el 20 para su consumo local, ahora podrían preferir exportar 100 %, y esto nos preocupa»,
«Si hay países que exportan el 80 % de productos agrícolas y se quedan con el 20 para su consumo local, ahora podrían preferir exportar 100 %, y esto nos preocupa»,
alertó Torero en una conferencia de prensa virtual desde Roma, donde tiene sede la FAO.
La FAO sostiene que la disponibilidad de alimentos no es un problema, en particular en el caso de productos básicos, como maíz, trigo, soja, poroto y arroz, ya que actualmente se cuenta con el doble de las reservas que se tenía en 2007, cuando se registró la última crisis alimentaria a gran escala.
En este ámbito, los grandes países exportadores agrícolas han resuelto los problemas logísticos que sufrieron al inicio de la pandemia y que estaban relacionados con el transporte de los alimentos del lugar de la cosecha a los puertos y de éstos a los países compradores.
Los especialistas estiman que los alimentos más básicos bajarán sus precios por la reducción de la demanda y los de valor agregado por su uso de mano de obra (frutas, carnes y ciertas verduras) subirán por el efecto de las cuarentenas y de lasregulaciones sanitarias, los subsectores de carnes y pescado podrían resultar los más perjudicados por las restricciones del transporte aéreo.