
El río Paraná bajó frente al puerto de la capital de Entre Ríos a -30 centímetros (debajo del nivel del mar), continúa descendiendo su altura en la peor situación hídrica detectada desde 1944 y esperan que se acerque a esos niveles históricos.
Lejos de sus niveles normales y muy por debajo de la marca de aguas bajas, la bajante extraordinaria afectó la vida ambiental y social de ciudades a la vera del agua.
El río Paraná es la principal vía del comercio del país. Alrededor del 80% de las exportaciones de cultivos fluyen a través de sus aguas fangosas en ruta hacia el océano Atlántico.
Los operadores de granos se vieron obligados a reducir la cantidad de carga en las barcazas, temerosos de quedar encallados en los bancos poco profundas del río, y a aumentarla una vez que llegan a puertos marítimos más profundos o a contratar más embarcaciones. Ambas son opciones costosas y lentas que han paralizado una industria que obtiene más de u$s20.000 millones anuales de las exportaciones.
También hay un costo financiero para las importaciones: los niveles bajos de los ríos significan menos energía hidroeléctrica y, como resultado, más dinero que debe desembolsarse para envíos de diésel para alimentar plantas de electricidad.
Las importaciones de diésel han aumentado a su mayor nivel desde el 2018, debido a que la represa de Yacyretá, que generalmente suministra alrededor del 14% de la energía de Argentina desde el extremo norte del río, opera a solo un tercio de su capacidad.
Valor en dólares de las ventas, en caída
Esta baja del río genera un costo financiero para las importaciones
El Paraná seco ha puesto de manifiesto una falta de planificación logística a largo plazo en Argentina, donde el sector agrícola clama por un canal de transporte más profundo y las represas representan el 28% de la capacidad de generación de electricidad.
Los obstáculos a las exportaciones argentinas tienen implicaciones globales. La nación es una potencia en la producción de semillas oleaginosas y granos, el principal exportador mundial de harina de soja para alimentar ganado y aceite de soja para cocinar y biocombustibles. Es el tercer exportador de maíz.
En el frente interno, el descenso de los niveles de los ríos está reduciendo el valor en dólares de las ventas de Argentina en el exterior. Las primas de la harina de soja argentina se cotizan en mínimos históricos frente a su rival Brasil. Las primas pagadas por los contratos a septiembre son alrededor de u$s25 por tonelada más baratas que las de su vecino y, lo que es peor, muchos compradores de harina están acudiendo en masa a Brasil para evitar completamente el mayor costo de transporte, informa Gestión.
La situación del Paraná se ha vuelto tan grave que el 24 de julio Argentina incluso decretó una emergencia hídrica en siete provincias ribereñas, lo que permite al Gobierno tomar medidas especiales para mitigar el impacto de la sequía y mantener en funcionamiento las empresas y la industria.
Cómo seguirá los próximos meses
Se espera que las aguas continuen descendiendo y alcancen los -50 centímetros para el 17 de agosto
El Instituto Nacional del Agua (INA) apuntó que prevalece una «tendencia descendente» que «continuará predominando en los próximos tres meses» al menos, y pidió «especialmente» mantener «la captación de agua fluvial para consumo urbano».
Además, indicó que espera impactos en «las tomas de agua para consumo urbano, para refrigeración de centrales de generación eléctrica y de procesos industriales».
También detalló sobre problemas en «la navegación fluvial, fauna íctica, estabilidad de márgenes» y una «exposición a incendios en márgenes e islas».
Según los pronósticos del INA, las aguas continuarán descendiendo y podrá alcanzar los -50 centímetros para el 17 de agosto próximo.
En Diamante, la altura también bajó y llegó al cero, muy lejos de los 2,40 metros del límite de aguas bajas y 3,85 metros menos que el promedio para esta época del año.
En ese sentido, el INA espera que el río llegue a un promedio de -0,72 centímetros de altura en agosto, y de -1,01 metros en septiembre.
En La Paz, el río Paraná descendió tres puntos y alcanzó los 26 centímetros, muy por debajo de los 3,20 metros de límite de aguas bajas y de los 3,69 que la Prefectura Naval Argentina (PNA) registró como promedio entre 1996 y 2020.
Allí, el INA espera que la altura continúe disminuyendo hasta los 4 centímetros a mediados de agosto, y que se acentuará «la condición de aguas bajas» pudiendo llegar a los -25 centímetros la semana próxima.
En tanto, en Victoria también bajó 2 centímetros las últimas 24 horas y se mantiene con 1,07 metro de altura, lejos de los 2,60 metros de aguas bajas y 1,03 metros menor al promedio de julio 2020, por lo que el INA no espera «una recuperación sensible en las próximas semanas».
La bajante actual ya superó las marcas de 1971 (0,50 metros), las de 2020 y 1970 (0 metros), y hay que remontarse a 1944 para registrar una situación peor que la actual.
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Ese año el río marcó -1,40 metros frente a Paraná, al igual que en Diamante (-1,38), Victoria (-41) y en La Paz (-1,11).