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Clarín – Buenos Aires – CABA – 12-02-2020 Cuentan que las navidades de los Vicentín son únicas entre los tíos que se disfrazan de Papá Noel, los primos encargados de los fuegos artificiales y los herederos más jóvenes con la misión de servir a ese grupo que ya supera el centenar. Nadie que no sea miembro o pariente cercano puede ingresar. Todo queda en familia.

Por cierto, son pocas las empresas que intervienen e influyen en la vida pública de Santa Fe como Vicentín. La firma, que nació hace 90 años en el norte provincial, en la localidad de Avellaneda, acaba de protagonizar, con una deuda de US$ 1.300 millones, el mayor default privado desde la crisis del 2001. Este concurso de acreedores pone nerviosos a sus socios como la suiza Glencore, entre las cinco más grandes del mundo en el trade. Y hasta podría ocasionarle problemas a quien compra para Vicentín, como Tomás Hinrichsen, un reconocido broker agroindustrial. Semejante cesación de pagos está provocando en estos días una especie de inquisición sobre su conducta. Y especialmente, la de su CEO, Sergio “el mono” Nardelli, hijo de una Vicentín y cuya semblanza es descripta como la de esos personajes dispuestos a todo y muy agresivo en su política comercial. Quienes los conocen, detectan fisuras entre Nardelli y su tío político y ex presidente de la Bolsa de Rosario, Alberto Padoan, dedicado a hacer lobby por la empresa.

Para algunos expertos, la firma que arrancaron los hermanos Máximo, Pedro y Roberto, llegados dese Italia en 1920, tuvo un crecimiento demasiado veloz en los últimos años. Desde un almacén de ramos generales, los hermanos fueron pioneros con una planta desmotadora de algodón y la molienda de semillas de algodón, lino y maní. También les recriminan diversificación hacia otros rubros, como la productora de cine que concretó la película El Padre Jorge sobre la vida del Papa. Entre otros aspectos objetables, afirman que esa expansión estuvo apalancada con deuda bancaria de corto plazo.

A eso se añade lo que ocurrió después de las PASO de agosto de 2019, cuando los chacareros y corredores, que les habían entregado mercadería bajo la modalidad de precio a fijar, fueron en manada a reclamar que les liquidaran esos granos. Fue ante la perspectiva de una suba de las retenciones. Y ese reclamo, casi una corrida, ocurrió al compás de la devaluación en medio de la escalada de tasas y bancos que cerraban el grifo y exigían el pago de sus deudas.

Vicentín posee junto a Glencore Renova, la fábrica de aceite más moderna y eficiente del mundo, el frigorífico Friar, Algodón Avellaneda, Arsa, que maneja los yogures y postres que le compró a Sancor, además de oleaginosa San Lorenzo. Es dueña del Puerto Público de Rosario, un puerto de contenedores y posee Los Corrales de Nicanor, dedicada al engorde de miles de cabezas de ganado. Otro de sus negocios es una bodega en Mendoza que elabora exquisitos vinos y espumantes. Y hasta tiene en Renopack una planta de envases para los aceites que elaboran desde Molinos, de la familia Pérez Companc a Victor Fera, de la marca Marolio. Contabiliza sociedades en Paraguay, Brasil y España.Eso sí, para su concurso de acreedores contrató al estudio Alegría.