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Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires el alza de los costos inclina la balanza hacia cultivos menos intensivos en necesidad de insumos.

Primeras estimaciones: la producción de granos finos caería más de 6 por ciento

El climatólogo Eduardo Sierra dio buenas perspectivas para la siembra de cereales invernales.

Aunque falten algunas semanas para la temporada alta de siembra de trigo, la campaña 2022/23 ya empezó en algunos lotes de avanzada en la provincia de Córdoba, y puede decirse que el Congreso A Todo Trigo, que se lleva a cabo en Mar del Plata, funciona como el corte de cintas oficial. Por eso la Bolsa de Cereales de Buenos Aires eligió ese escenario para la presentación de sus estimaciones para la campaña de granos finos 2022/23, que no son las más auspiciosas.

Para comenzar, Agustín Tejeda Rodríguez, Economista Jefe de la entidad, analizó las señales políticas y económicas que reciben los productores y que condicionarán su toma de decisiones y destacó un aspecto clave del contexto internacional: el paso de los precios de commodities en el mundo de los valores más bajos en mucho tiempo a los más altos en diez años, impulsados por la post pandemia y la guerra en Ucrania. Pero advirtió que también aumentaron los principales insumos, fertilizante y combustibles, en algunos casos con incrementos muy superiores a los de los granos.

“Hay tensión en los mercados y alta volatilidad. Estamos ante precios extraordinariamente altos, 340 dólares por tonelada, 50 por ciento por encima del promedio de las últimas cinco campañas. Pero el costo de siembra por hectárea aumenta 47 por ciento”, detalló el técnico.

En este contexto, según el análisis de la Bolsa, los márgenes de la combinación trigo/soja mejoran respecto a la campaña pasada pero aún están por debajo de los años anteriores. Mientras tanto la soja, que tiene menor impacto del aumento de costos, mejora mucho más su rentabilidad respecto de la campaña anterior. La incertidumbre política local y global se suma al combo de factores para hacer que el productor se pueda llegar a inclinar por cultivos menos intensivos en necesidad de insumos, explicó Tejeda.

A su turno Esteban Copati, Jefe del Dpto. de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales, detalló que el año pasado se sembraron en Argentina 6,7 millones de hectáreas de trigo y se obtuvo una producción de 22,4 millones de toneladas. De cebada se sembraron 1,2 millones de hectáreas y se produjeron 5,2 millones de toneladas.

De cara a la próxima siembra, según describió, por factores climáticos y de mercado, en las últimas semanas mejoró levemente la intención de siembra. “La humedad superficial es baja por la ausencia de lluvias en las últimas semanas, pero las reservas hídricas muestran un escenario favorable a la siembra. El escenario climático para las próximas dos semanas es complicado, no hay lluvias importantes previstas, pero la siembra se juega fundamentalmente en junio y julio”, detalló.

En ese contexto, según los relevamientos de la entidad porteña, la superficie a ocupar con trigo durante este nuevo ciclo alcanzaría las 6,6 MHa, registrando una caída interanual de 1,5 por ciento, mientras que en el caso de cebada el área ascendería a 1,3 MHa, reflejando una expansión interanual del 8,3 por ciento.

Respecto a las proyecciones de producción en ambos cereales, la campaña podría presentar limitaciones en el uso de algunos insumos clave, como fertilizantes, ante una más desfavorable relación insumo/producto, lo que afectaría negativamente los rendimientos. En consecuencia, la proyección de cosecha ascendería a 20,5 millones de toneladas para el trigo, reflejando una merma interanual del -8,5%, mientras que en cebada se prevé una cosecha de 5,4 MTn, cifra que resulta en un incremento interanual del 3,8 %, explicado en mayor medida por la expansión del área sembrada.

Con estos datos, Tejeda Rodríguez puso sobre la mesa el posible aporte que harían las cadenas de trigo y cebada a la economía nacional. Para la campaña 21/22, cuya comercialización aun está en curso, se proyecta una exportación récord de 15 millones de toneladas de trigo y 3,7 de cebada. Mientras tanto, para la campaña 22/23 se proyecta una caída de la exportación a 13 millones de toneladas de trigo y 3,8 millones de toneladas de cebada.

La producción total de fina según la entidad porteña será de 25,9 millones de toneladas, un 6,2 por ciento menos que en la campaña 21/22. Por el alza en los precios, el valor bruto de esa producción crece 7,3 por ciento hasta 18.140 millones de dólares, pero según el análisis de la Bolsa, el valor agregado, las exportaciones y la recaudación fiscal caen entre 10 y 5 por ciento.

“Igual nos mantenemos en niveles históricamente altos. En la última campaña la contribución de las cadenas de trigo y maíz aumentó un 80 por ciento. Con el contexto global actual, si se volviera al escenario local de 2016, sin restricciones para la exportación, la contribución podría ser 2000 millones de dólares mayor”, concluyó Tejeda Rodríguez.

El clima ayuda

El climatólogo Eduardo Sierra adelantó algunas variables climáticas para tener en cuenta de cara a la siembra de trigo.

“Se le está dando una importancia absoluta al niño y la niña, pero yo quiero hablar del cambio climático, que le está dando alguna ventaja al trigo”, adelantó.

Luego mostró datos de una investigación del INTA Anguil supervisada por Ernesto Viglizzo que analizó el régimen de lluvias de la pampa húmeda durante los últimos 200 años. Se observa un pico alto en 1890, un piso en 1928, cuando hubo desastres productivos en todo el mundo y un pico aún más alto que el anterior en los años 90. “Con el calentamiento global, llueve un poco más. Es un efecto positivo del cambio climático que nadie ve”, dijo Sierra.

Luego mostró que ahora se está viendo una baja importante de las precipitaciones, cuyo mínimo sería en 2040, y que según explicó está siendo magnificada por la acción humana, cómo la destrucción de humedales.

En esa macro tendencia se insertan la niña y el niño. ¿Qué pasa con los cultivos?

Según explicó el especialista, el maíz responde positivamente a los años niño, mientras que el trigo hace lo contrario, se desempeña positivamente en los años niña.

“Si dicen que hay una tercera Niña agarremonos con el maíz y la soja, pero no con el trigo, no debería haber por qué asustarse. Un otoño lluvioso deja las napas cargadas para el trigo, y un clima seco después es menos predisponente a enfermedades”, explicó.