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Las pérdidas en el engorde a corral llegaron a superar los 7000 pesos por animal terminado en noviembre del año pasado, pero actualmente, gracias a la recomposición del valor de la hacienda gorda, esa cifra se recortó a -2600 pesos por cabezas.

Los datos promedio correspondientes a comienzos del presente mes de enero, publicados en el último informe mensual de la Cámara Argentina de Feedlots, muestran que, si bien se logró recortar buena parte de las pérdidas siderales que venía registrando las empresas feedloteras, las mismas siguen sin poder trabajar con rentabilidad.

Aunque el costo del maíz aumentó mucho en los últimos meses, el mayor problema no está en el alimento, sino en el desajuste existente entre el valor del ternero de compra con el precio del novillo gordo, el cual, luego de alcanzar una importante recomposición a mediados de diciembre pasado, desde entonces comenzó a recular.

“Si no mejora el precio del gordo lo suficiente, no hay posibilidades de rentabilidad alguna”, apuntó al respecto Juan Eiras, el presidente de la Cámara de Feedlot, ante una consulta realizada por Bichos de Campo.

Mientras que los precios de novillitos y vaquillonas de feedlot llegan a los 150/160 pesos por kilo vivo, los terneros/as de compra tienen un valor de 180 a 190 pesos por kilogramo, a los que deben sumarse costos comerciales y financieros.

A comienzos de diciembre pasado parecía que las relaciones de precios, luego de un 2020 muy difícil, finalmente iban a acomodarse para los feedlots. Pero el sueño se esfumó cuando se produjo una nueva alza de los precios de la invernada que volvieron la situación a “foja cero”

La tenencia de animales, en un contexto de elevada inflación en el cual existen restricciones para acceder a divisas, es una de las forma que encontraron muchos operadores del negocio agropecuario (productores agropecuarios, matarifes, frigoríficos, etcétera) e inversores externos para resguardar el capital, es decir, para poder “huir” de los pesos argentinos.

Adicionalmente, en un contexto de elevada demanda tanto interna como externa, la oferta de terneros/as se mantiene estancada debido a que no se registró un crecimiento de la disponibilidad de vientres, es decir, de la “fábrica” ganadera.

El resultado económico negativo de los feedlots explica en gran medida la reducción en el nivel de encierre, que llegó a 52% en el inicio del presente mes de enero versus un 63% un año atrás.