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La semana pasada hubo varias reuniones entre funcionarios del gobierno y referentes del sector alimenticio. Los ministros Matías Kulfas y Luis Basterra mostraron allí la preocupación oficial por el abastecimiento interno y el nivel de precios. A los otros privados, en tanto, les preocupa la situación de la macroeconomía y su impacto en las actividades que lideran.

Roberto Domenech, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) estuvo en esos encuentros y manifestó su preocupación porque si bien “hay un diálogo fluido” no aparecen respuestas a los reclamos de ese sector, que se ha vuelto clave para la provisión de carne a los argentinos con competencia franca con la carne vacuna. En rigor, se estima que ya en el primer bimestre de 2021 se consume más carne aviar que bovina.

El directivo  resumió en dos tópicos los cuellos de botella que hoy enfrenta esa industria alimenticia: la falta de competitividad exportadora y la escasez de créditos que permitan las inversiones demoradas.

“No hay ningún peligro respecto de falta del producto. La oferta está garantizada, pero sí hicimos hincapié en que la industria crece si crecen las exportaciones. Porque si no se hace difícil administrar 50 kilos de producción”, explicó Domenech.

Los mencionados 50 kilos son la oferta total de carne de pollo por año y por habitante, de los cuales al menos 44/45 kilos se están destinando actualmente a sostener el consumo interno. En 2020 se produjeron 2,22 millones de toneladas de ese alimento, de los cuales se exportaron solo 229 mil toneladas, cerca de un 10%. El consumo interno se llevó el resto y promedió 43,67 kilos anuales pér cápita.

Domenech explicó que para 2020 se había presupuestado un incremento en las exportaciones de 10%, lo que implicaba llegar a las 300 mil toneladas. Pero pandemia y economía de por medio sucedió todo lo contrario y finalmente las ventas al extranjero se redujeron en 80 mil toneladas, lo que significó que dejaron de entrar al país cerca de 150 millones de dólares.

“Nos sugieren que sigamos hablando, y seguimos hablando, pero vamos a exportar menos también este año”, advirtió el referente de la industria.

La caída en las ventas al extranjero tiene que ver, según dijo Domenech, en parte con el impacto de la pandemia en el mercado mundial, que redujo los valores. Hay países híper-competitivos que pueden adaptarse, pero las avícolas locales la tienen cada vez más difícil porque la inflación en pesos, con un dólar bastante estable, significa sufrir inflación en dólares. Es decir, pérdida de la competitividad que los deja fuera del mercado.

A eso se suma, añadió Domenech, otro problema que es la imposibilidad de hacer inversiones. “Lo otro que explicamos es que si bien el flujo de capital de trabajo no se ve resentido, la situación no da, ni de cerca, para mantener el nivel de inversiones que corresponde. Llevamos 5 años sin invertir, pero esto se profundizó con la pandemia y nos estamos comiendo el capital”, alertó.

Domenech cree que el camino es el diálogo pero que se requieren de respuestas: “Se plantearon dos caminos, uno para lo inmediato que es ayudar a contener la inflación con abastecimiento fluido. El otro con estos temas de exportación, inversiones y créditos y aumentos inesperados de determinados costos. Hoy el abastecimiento fluido está, pero la proyección tendrá que ver con la forma en que se puedan manejar los temas sensibles”.