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Los representantes de las cuatro cadenas agrícolas argentinas eligieron un caso de éxito para abrir el discurso de cierre de año realizado esta noche en la sede porteña de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

¿Se trata de un empresario o una empresa? No precisamente. Se refirieron a la ciudad de Sinop, perteneciente al estado de Mato Grosso, que cuatro décadas atrás era apenas un caserío y en la actualidad es una comunidad con unos 150.000 habitantes que gozan de elevado estándar de vida gracias a una economía pujante.

“Y no es una excepción. Hay más de cincuenta ciudades en Brasil que durante ese período despegaron y hoy tienen niveles de vida del primer mundo. Todas con modernos aeropuertos y nuevas líneas aéreas conectándolas, en donde el gran motor ha sido la agroindustria”, explicó Luis Zubizarreta de AcSoja, quien, acompañado por Miguel Cané de Argentrigo, Enrique Moro de Asagir y Alberto Morelli de Maizar leyó un texto consensuado entre las cuatro cadenas.

“Es la demostración empírica de como hizo Brasil para generar una revolución en vastas zonas del país, haciendo crecer el bienestar de enormes masas rurales y urbanas de un modo exponencial”, apuntó.

El texto de las cuatro cadenas recordó que en las últimas dos décadas Brasil se transformó en una potencia agrícola que inundó la economía con divisas, lo que les permite adquirir gran cantidad de bienes y servicios al mundo, mientras que en la Argentina se trata de una mercadería por demás escasa.

“Eso fue producto de una clara estrategia de desarrollo que fue mantenida por todos los gobiernos de diferentes colores. Un mercado interno bien abastecido a precios competitivos sin jamás cerrar las exportaciones, con una carga fiscal razonable y no discriminatoria. Esto mismo sucede en otros países vecinos como Uruguay, Paraguay o Bolivia. Mientras tanto en esto 50 años la Argentina se embarcó en una política que priorizó el cortísimo plazo, lo que implicó un nefasto sesgo anti exportador cuyos pésimos resultados están a la vista”, indicó Zubizarreta frente a la mirada atenta del ministro de Agricultura Julián Domínguez, quien participó del evento.

“La permanente crisis que venimos viviendo como sociedad tiene una salida. Dejar de mirar el corto plazo en donde el Estado se apodera de los márgenes de los pocos sectores competitivos –lo que nos viene llevando hace décadas por un lento declive– para pasar a potenciar esos sectores, pensando en agrandar la ‘torta’, aumentar nuestras exportaciones e iniciar el circulo virtuoso del desarrollo federal y la generación de empleo de calidad. Sin duda ello impactara positivamente en la recaudación aun con alícuotas menores”, solicitó en nombre de las cadenas agrícolas.

El texto luego pidió comenzar a encarar un proceso de rebaja de retenciones que “debe ser gradual, pero debemos empezarlo ahora”, además de lograr un tipo de cambio unificado y razonable y un plan logístico integral –manteniendo el buen trabajo que se viene haciendo en el rubro ferroviario– que incluya una pronta licitación internacional de la Hidrovía.

También solicitaron fomentar la adopción de tecnología para los cultivos “con una justa retribución y control”, profundizar la estrategia de agregado de valor de las exportaciones, volver a poner a los biocombustibles en la agenda pública, no discriminar al sector en cuanto a líneas de crédito o controles de precios o cierres de exportaciones, trabajar en un sistema de seguros agrícolas y garantizar la sustentabilidad ambiental teniendo en claro que la agroindustria no es el problema, sino parte de la solución del cambio climático.

“Llevar esto a la práctica requiere un acuerdo entre todos los partidos mayoritarios que genere certidumbre y un cambio de expectativas, transformando las ideas en políticas de Estado. Desde las cuatro cadenas, que formamos parte del Consejo Agroindustrial (CAA), somos actores claves para lograr ese acuerdo”, expresó el titular de AcSoja.

“Nosotros estamos convencidos de que, con medidas adecuadas, la explosión en nuestras exportaciones agroindustriales será rápida y tendrá un enorme impacto en nuestra economía y en el bienestar de toda la sociedad, ya que no somos sólo el campo, sino también industria y ciudad. En esto se juega el futuro del país: necesitamos que los líderes políticos adopten esta visión”, concluyó.

Cuando le tocó el turno de hablar a Domínguez, el ministro mostró su destreza para colmar su discurso de lugares comunes, tales como “la riqueza está en la diversidad de pensamiento” o bien que “aprendamos los argentinos que las diferencias son oportunidades para crecer” y también el infaltable “a través de escucharnos, de compartir miradas, es la forma de construir juntos las mejores decisiones”.