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El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, admitió este jueves en la apertura de A Todo Trigo que aprobó la siembra de la variedad transgénica de Bioceres, el HB4 con tolerancia a la sequía, sin tener el aval definitivo de Brasil, como exigía una resolución de este mismo gobierno en octubre de 2020 que lo autorizó condicionado a una aprobación científica en el vecino país.

Pero, además de reconocer esta situación irregular (Agricultura dictó ayer una resolución que aprobó el trigo HB4 sin tomar en cuenta ese requerimiento), Domínguez subió la apuesta y señaló que él no estuvo de acuerdo con la decisión tomada en 2020 por su antecesor en el cargo, Luis Basterra, y que aprobó el HB4 condicionado a lo que pasara luego en Brasil.

“Si no lo dijera no seria yo, pero siendo parte del mismo gobierno cuando se aprobó el HB4 yo no estuve de acuerdo con esa resolución. Porque un país no puede negar su soberanía, y menos la soberanía en materia de tecnología”, reconoció el ministro, dando por sentado su oposición al condicionamiento en la Argentina del trigo HB4 a una definición semejante de Brasil. Esta definición no llegó hasta ahora. En noviembre pasado la Comisión Nacional de Biotecnología de dicho país (CNTBio) aprobó solo el consumo de la harina elaborada con dicho OGM. Pero no la semilla y mucho menos su siembra. Y lo mismo sucedió la semana pasada con Australia.

El discurso de Domínguez, que fue precedido por una encendida crítica del titular de la Federación de Acopiadores, Fernando Rivara, fue realmente un cocoliche, la biblia y el calefón. Habló del Papa Francisco, del plan maestro del Río Salado; habilitó a los productores a “putear” si quieren a Cristina Kirchner, dijo que él no imaginaba volver al cargo y que se sentía como “Sacachispas” jugando en las grandes ligas. Y así… Lucía visiblemente nervioso el funcionario. Solo en ciertos tramos construyó un discurso hilvanado.

No era para menos: hoy el boletín oficial amaneció con la resolución de aprobación del Trigo HB4 que se salteaba nada menos que el requisito de la aprobación en Brasil, principal mercado para el cereal nativo. Domínguez debía hablar frente a una multitud de productores y empresarios ligados al sector en el congreso A Todo Trigo, que es organizado por los Acopiadores, uno de los sectores que más advirtió que la aprobación acelerada de la variedad de Bioceres podría generar serios problemas a las exportaciones argentinas del cereal, ante una eventual contaminación con trazas del OGM en el cereal convencional.

“Si hay problema de mercado se resolverá en el mercado con las reglas de mercado. No podemos ser para unas cosas progresistas y para otras conservadores”, enfatizó Domínguez en otro tramo coherente de su larga e inconsistente pieza de oratoria. Sus voceros explicaban que tenía el discursos escrito, pero estaba improvisando.

“No soy un trastornado que toma gestos para ir en contra del trigo argentino”, insistió Domínguez, dando a entender que en el gobierno -a partir de esta aprobación a contramano- no consideran que vaya a correr peligro el mercado. Por ahora, hay unas 150 mil toneladas de granos de la variedad HB4 cosechadas este verano, que se supone están siendo controladas por el propio organismo, para evitar un caso de contaminación.

“Ayer tomamos todos los protocolos para la autorización del HB4 en China”, indicó en toro confuso tramo. Se supone que se refería a que también están velando para no tener problemas con las exportaciones de trigo a los mercados asiáticos.

Domínguez, tras definir que no estuvo de acuerdo con tanta prevención a la hora de aprobar el evento transgénico en octubre de 2020, dijo además estar convencido que la solución del cambio climático es con grandes obras, como las del rio Salado, y con más y mejor biotecnología.

También anticipó que la nueva ofensiva de su área será intentar lograr una nueva ley de Semillas, un debate pendiente desde hace más de una década, para evitar que las empresas argentinas que desarrollan este tipo de tecnologías “se vayan del país” porque no cobran regalías por sus desarrollos.

“Tengamos confianza, no permitamos que las empresas del conocimiento se vayan de la Argentina, pero se van porque no les queremos pagar nosotros”, afirmó Domínguez, quien en varios tramos pidió acallar el tono de la polémica interna en torno al trigo HB4 para “rascarnos la sarna” dentro del país y no ensuciar el buen nombre del trigo argentino en los mercados internacionales.

“No hablemos mal del caballo, porque ni no no se lo vendemos a nadie”, pidió.