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EE.UU. ya comprometió el 98% de su saldo exportable previsto de soja cuando faltan más de siete meses para el ingreso de la nueva cosecha. Y en el caso del maíz esa cifra es del 89% con una nueva producción que recién llegará en el mes de septiembre.

“Mi teoría es que los números no cierran, porque, además del ritmo de ventas, EE.UU. ya embarcó más del 80% de la soja comprometida para 2020/21, con lo cual se presenta una situación similar a la registrada en 2012/13”, indicó a Bichos de Campo el analista de mercado de granos y presidente de Nóvitas, Enrique Erize, en referencia a la última alza considerable de precios registrada entonces por una sequía que liquidó a buena parte de la cosecha gruesa estadounidense.

El especialista explicó que el alza de precios tanto de soja como de maíz registrada en los últimos meses, motivada fundamentalmente por un crecimiento frenético de la demanda china, es el mecanismo regulador que tiene el mercado para desincentivar exportaciones y, de esa manera, resguardar el stock remanente para uso interno.

“La pregunta del millón es si con 500 u$s/tonelada van a lograr no exportar más soja para evitar quedarse sin el producto en EE.UU. Y la respuesta es ‘no’ porque faltan seis meses para el ingreso de la nueva cosecha. Me parece que podemos ver cosas mejores en materia de precios (en EE.UU.)”, proyectó.

“Imaginen un empresario en Iowa en una fábrica de alimentos balanceados que ve cómo se fue casi toda la soja que podían exportar. Y sabe que, hasta que aparezca la cosecha nueva, en octubre, no llega. ¿Y qué pasa si tengo que importar soja de Brasil?, pregunta. ¿Cuánto me va a salir? Son 550 u$s/tonelada el FOB en Brasil más el flete marítimo más remontar el río Mississippi más el traslado a la fábrica, puede llegar a estar unos 700 u$s/tonelada; prefiero –dice– cubrirme en el mercado a término, que es Chicago”, graficó.

En un mes y medio comienza la siembra de maíz en EE.UU y una parte del centro y noroeste del Medio Oeste de esa nación está atravesando una restricción hídrica. “Si a la situación presente le agregamos un problema climático, entonces la situación es más seria”, remarcó Erize.

Otro factor por dilucidar es que algunas proyecciones privadas estiman que la demanda de maíz terminará siendo muy superior a la proyectada por el Departamento de Agricultura de EE.UU. “El USDA dice que en esta campaña 2020/21 China va a importar 24 millones de toneladas de maíz, mientras que un informe del banco de inversión Goldman Sachs prevé que va a comprar 33 millones en 2020/21 y 55 millones dentro de dos años”, comentó.

Por otra parte, una vez cerrado el “kiosco” estadounidense de soja, la única alternativa para originar el producto es Sudamérica, donde Brasil ya tiene comprometida más del 60% de la cosecha esperada de soja, mientras que las ventas argentinas vienen muy demoradas por factores políticos.

Si bien en la actual coyuntura internacional las perspectivas de precios son favorables, no solamente para la actual campaña sino también para la 2021/22, Erize recomendó a los productores argentinos  que no dejen de instrumentar ingeniería comercial para reducir el factor de incertidumbre generado por el “riesgo local”.

“No hay que quedarse quieto con estos precios, aunque sea tomando PUTs (opciones de venta); cuando los precios permiten capturar rentabilidad, hay que actuar: esa es la consigna”, concluyó.