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La Nación – Buenos Aires – CABA – 31-07-2020
 La plaza cambiaria local depende cada vez más de los ingresos del agro o el abastecimiento de reservas del Banco Central (BCRA) para sostener su languideciente actividad, que hoy tocó un nuevo mínimo en lo que va del mes.

Los datos de la semana pasada son elocuentes al respecto: el sector agrícola en su conjunto liquidó US$560,8 millones, cifra equivalente al 62% de los US$917 millones operados en el sistema oficial.

En una plaza que negoció un promedio de US$183,4 millones por rueda, otro 11% de las divisas las aportó el Central mediante sus ventas y el 27% restante las habrían sumado los demás exportadores, supuesto que parte de estimar que son nulos (o casi nulos) los ahorristas o inversores dispuestos a liquidar a $70 o $71, dado que son precios entre 60% y 90% inferiores que los que se pagan por la divisa en operaciones bursátiles o vendiéndolas en el mercado negro.

Esa proporción se habría acentuado esta semana, tomando en cuenta que el volumen promedio operado (que hoy marcó, con US$137,6 millones, un nuevo mínimo en lo que va del mes) en las primeras cuatro ruedas de la semana cayó a US$165,4 millones y que sólo el lunes los agroexportadores aportaron US$9,25 de cada US$10 negociados.

Además, en lo que va de julio, la entidad rectora del sistema lleva aportados hasta el últimos vienes (hasta allí llega la estadística oficial) el 13% de las divisas operadas, con los US$412 millones en reservas volcadas para mantener bajo control el anodino ritmo de desplazamiento del tipo de cambio al 0,12% diario. Es decir, los patrones de la semana anterior se mantienen con leves variantes para el resto del mes.

Los datos inquietan a los analistas, que saben que el mercado está comenzando a dejar atrás la «temporada alta» de liquidaciones, referencia que alude al tradicional aporte que en los últimas décadas hizo la cosecha gruesa. «Si hoy ya prácticamente no tenemos mercado, con volúmenes que rara vez superan los US$200 millones, lo que viene puede ser más duro», acota el experto cambista José Nogueira, que recuerda que en Chile y Brasil se operan diariamente entre US$7000 y US$20.000 millones por rueda, es decir, entre 35 y 100 veces mayores a los que se negocian aquí.
El mayor aportante es el que menos recibe

Los números del mercado dejan otra paradoja evidente: el sector que con más regularidad aporta divisas es que el percibe menos pesos por cada dólar, ya que el valor de $72,26 al que cerró el mayorista en el día supone un precio efectivo (descontadas las retenciones) que va de $48,5 a $50,6 para la soja, o es de $63,6 para el maíz, el trigo o el sorgo que se exporte.

Los datos de comercio exterior muestran que nunca la balanza comercial dependió tanto del sector agroexportador desde 1986, es decir, hace 34 años.

Un informe del especialista en comercio exterior y negocios internacionales, Marcelo Elizondo, señaló recientemente (a partir de cifras de los primeros cinco meses del año) que desde 1991 no había un enero-mayo en el que las ventas al exterior de «Manufacturas de Origen Industrial» (MOI) haya sido tan bajas (22%) como en igual período de este año. Si bien hay un impacto de la pandemia, la dependencia del país de las agroexportaciones se ha incrementado.

Los números que dejó junio, mostrando las ventas de productos primarios creciendo al 46% interanual, mientras que las manufacturas industriales se hunden 45,9%, sólo aumentaron la inquietud al respecto, más allá del superávit de US$1484 millones. Esto es porque China pasó a ser el primer destino general de los embarques argentinos, al llevarse el 13,9% de todas las exportaciones y porque el 54,6% de lo que compraron fueron porotos de soja (ni siquiera harina, aceite o algo más elaborado).

Tomando en cuenta esta evolución es que los economistas marcan que el aporte que el sector podría hacer a una recuperación de la economía en estas condiciones ya no son muchos, lo que invalida las comparaciones con lo que sucediera en la salida de la crisis 2001/2002.

«En el período 2002/2003 la soja subió 70% punta a punta, facilitando la recuperación de la economía en aquel entonces, fenómeno que difícilmente se repita ahora. Eso exige prestar mayor atención que la usual a los principales factores que influirán en el resultado productivo de un sector, dado que la inusual ausencia de lluvias en ciertas regiones podría complicar el avance la campaña en momentos en que, si bien los precios internacionales de los granos parecen resistir la crisis global, sigue habiendo riesgos de reversión», apuntó hoy en un informe el economista Juan Manuel Garzón, del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral).

Garzón recuerda que este marco general sobre el desarrollo de la actividad emerge «cuando los precios relativos internos de los granos ya no disponen de mucho margen como para absorber un retraso del tipo de cambio o mayores impuestos sin afectar más su tasa de inversión».
Por: Javier Blanco